De la Selva Peruana a la Jungla de Concreto

El lunes 31 de enero fue un gran día. Amanecí en casa de  mis buenos amigos, casi hermanos, Bernabé e Ignacio. Ignacio, quien en la primerísima parada del viaje de este proyecto, en Villa Pehuenia, Argentina, nos hospedara a Johanna y a mí, ahora vive en la Ciudad de México y de nuevo me ofreció su casa para quedarme con ellos una noche. Pero ese fue sólo el principio del día, lo más significativo fue el encuentro que tuve por la tarde.

Hace unos meses me había puesto en contacto con Tessy Ventura, hija de Hermenegilda Sánchez, bordadora Shipibo a quien conocimos Sara y yo en nuestro paso por la amazonía peruana y a quien le compramos con nuestros últimos soles unos bordados de ella y sus compañeras. Ella fue quien me hizo el favor de hacerle llegar estas fotos que le sacamos a su madre y yo le había escrito para expresarle mi interés por adquirir algunos bordados de su comunidad. Me mandó algunas fotografías de los productos y hablamos de hacer un envío.



Al fondo se puede ver el textil que compré.


Mi departamento en el D.F. y el bordado colgado

 En este tiempo, no había podido concretar el pedido y de repente, para mi sorpresa, esta semana, abro el facebook y me encuentro con una foto de Tessy en el zócalo del D.F.
Le recriminé que ¡cómo no me había avisado que venía! Que le hubiera encargado bordados, a lo que ella sólo respondió “No te preocupes, he venido preparada”.


Y ¡vaya que lo hizo! Quedamos de vernos en la casa donde la están hospedando, en un lugar del que nunca había escuchado, pero llegué. Fue un encuentro maravilloso. Desde que abrió la puerta me dio un abrazo sentido y lleno de cariño. Subimos al departamento y me contó el motivo de su visita y que vino de improvisto en lugar de su padre.

Ahí entre charlas, e intercambios me mostró los lienzos llenos de líneas, formas y colores alucinantes cargados de simbolismos y del poder de la ayahuasca. Incluso el olor del barro y la corteza con la que tiñen las telas, haría viajar a cualquiera a la selva.










Encontré en Tessy, a pesar de la brevedad de la reunión, una magnífica persona con una energía, igual a la de su madre, brillante como los bordados que ahora están en mis manos. Y la buena noticia es que los bordados no son sólo para mí. Toda esa magia será compartida, y aunque por ahora, sólo con palabras, dentro de poco sabrán cuál será el destino de esos textiles.



Mónica P. para MadejándoLA