Un rebozo para Sara

El jueves hice un viaje express en búsqueda de un rebozo.

El sábado pasado tuvimos en Morelia, Michoacán, la presentación de nuestro calendario 2017 "Madejas & Herencias". A este evento se sumaron otras actividades entre las cuales hubo un bazar gestionado principalmente por el Espacio para la Cultura Ambiental A.C. (ECA) con productos de varias regiones de Michoacán.










Ya iba emocionada sabiendo que llevarían rebozos de Ahuirán, porque en estos meses estaré planeando un viaje a Europa para el verano. ¿Y eso qué tiene que ver con los rebozos? Pues que este viaje será nada menos que para acompañar a Sara, mi compañera de viaje, colaboradora de este proyecto y hermana adoptiva, en el día de su boda en Polonia. Hace un tiempo hablamos de los preparativos y me dijo que quería encargarme una cosa: que le consiguiera algo lindo, mexicano, artesanal y colorido para cubrir sus hombros ese día.

Yo había usado unos meses antes, para un casamiento, un increíble rebozo de mi madre proveniente de Ahuirán, cuyo sello característico son sus flecos y/o plumas tejidos en el empuntado (o rapacejo) que dibujan distintos patrones. Naturalmente, teniendo la petición de Sara en mente, me emocioné al saber que durante el evento ¡Que Bailen los Hilos!, habría productos de Ahuirán.






 
Para ese día, yo ya le había mostrado a Sara la foto de aquel rebozo y le encantó, sólo dijo que quizás, si hubiera alguno en colores más claros, sería ideal. Entonces tenía una misión, pero para mi sorpresa, las artesanas habían enviado únicamente dos rebozos para el bazar, y de esos, sólo uno con flecos en el empuntado. Este:

Era ciertamente muy hermoso, pero no lo que buscaba.  ¡Oh gran decepción! "Podría comprar alguno otro... de otra región... en otro momento... supongo" pensé. Pero ya la idea se me había metido en la cabeza e iba a ser casi imposible de sacarla.

Las chicas de ECA me propusieron que quizás podría mandarlo a hacer, pero ¿qué tal si ya existía el rebozo perfecto para Sara? La duda no me dejaría en paz. Lo medité el domingo, el lunes, y el martes lo decidí: ¡Iría a Ahuirán a buscarlo! Estando tan cerca, parecería absurdo no intentarlo.

Le escribí ese día a Tania, la organizadora del bazar, quien resultó ser una amiga muy querida de Karla Pérez Cánovas, fotógrafa colaboradora de este calendario, patrocinadora del mismo con su proyecto Malacate Taller Experimental Textil, gran apoyo para MadejándoLA, y amiga mía desde hace un par de años.  Le pregunté a Tania cuál era la mejor manera para llegar a Ahuiran a lo que respondió que ella y Yuli, amiga suya también organizadora del bazar y originaria de Nurio, irían al día siguiente y que ella saldría desde Morelia, que podríamos ir juntas.  ¡Mejor imposible!


Quedamos de vernos a las 13.15 hrs en la colonia Xangari "ahí donde salen los taxis a Pátzcuaro", y así fue. Nos fuimos a Pátzcuaro por $45 cada una, sólo para tomar un autobús que nos llevaría hasta el municipio autónomo de Cherán, donde nos encontraríamos con Yuli. (Otros $45)
Casi dos horas y mucha plática después, llegamos a Cherán, y pa'rriba del coche de Yuli.




"¿A cuánto está Ahuiran de acá?" Pregunté.  "Aquí nomás, cerquita... pero hay que pasar a comer algo no?" Una cabaña en la carretera con una vista hermosa y comida rica "los Pinos" se llamaba.  Y ya comidas, ahora sí a seguir.


En menos de 15 minutos estábamos en Ahuiran, llegando a la casa de Irene, joven rebocera que tiene tiempo de conocerlas a ellas. Nos invita a pasar  al patio y nos saca unas sillas. Como en muchas comunidades del país, se hacen evidentes los signos de queines migran al norte.


Ellas le explican porque estamos ahí y saca los pocos rebozos que tiene su suegra. Suyos no tiene dice, se le vendieron todos, y apenas va a empezar a hacer otros. Ninguno es lo que estoy buscando, así que vamos con la vecina que tiene su tienda.



Entre el cilantro, los caramelos y las rajas me muestra sus rebozos, incluso uno "de concurso". Tampoco son lo que busco, pero tiene muchos colores de sedas. Hay otra tienda a unas cuadras, e Irene nos lleva. Está cerrada. Una más y me muestran algunos, casi ninguno con flecos. Empiezo a pensar que no lo encontraré. Me gustaría tocar en todas las puertas y ver cada rebozo, pero no se puede. Nos dice Irene qué esas son todas las que conoce.






Al final, me rendí y decidí encargárselo bajo pedido. Volvimos a la tienda de su vecina donde pasé mucho tiempo viendo hilos, colores, dudando. Pensando: ¿Qué color de fondo? ¿Líneas gruesas o delgadas? ¿Muy separadas o no tanto? ¿Qué dibujo en los flecos? ¿De qué colores los mismos? No es una decisión que pueda tomar a la ligera. ¡Es para Sara! ¡Es para su boda!


En fin, no mostraré la foto de la selección de colores que hice al final para no arruinarle la sorpresa a Sara. Una vez decidida, insistí mucho a Irene sobre si le apuntaba en un papel exactamente cómo lo quiero e imagino. Lo escuchó y eso es suficiente papel. Compró las sedas en ese mismo momento. A finales de marzo o principios de abril me lo entrega.

De regreso a Pátzcuaro, ya de noche, vengo pensando en mis decisiones. Tengo vértigo y emoción por saber cómo quedará. Publicaré las fotografías hasta el día en que se lo entregue (finales de junio). Siento que será eterna la espera pero seguro que valdrá la pena.

Aprovecho para agradecer a Tania y a Yuli por toda su buena onda, su disposición para dejarme acompañarlas y por las buenas risas a lo largo del día. A Giraluna por prestar el espacio para el evento, darle difusión y recibirnos con tanto cariño. Al resto de los expositores que nos acompañaron y a todos quienes se acercaron a bailar con los hilos.

Me vuelvo  de Michoacán feliz por la gente linda que conocí y sus enormes ganas de seguir tejiendo redes de colaboración. ¡Volveré pronto!

-Mónica P. para MadejándoLA