Mariana Rivera: Militante de Hilo y Tela


El viaje textil no cesa de generar conexiones, no para de hilarse. Durante la corta estadía que tuvimos Sara y yo en Bolivia en Octubre del 2013, tuvimos la oportunidad de  asistir a la XXVII Reunión Anual de Etnología “La Rebelión de los Objetos: Enfoque Textil” organizada por el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF) de La Paz. Fue ahí donde conocí  a Mariana Rivera, Maestra en Antropología Visual por la FLACSO Ecuador y quien trabaja hace ya varios años el tema de los textiles artesanales. Su investigación actual lleva por título Militantes de hilo y tela: tapices colectivos, representaciones y narrativas visuales sobre conflictos sociales, la cual forma parte de su tesis doctoral en ciencias antropológicas en la UAM-I de la Ciudad de México.

La mayoría de su trabajo de campo la ha realizado en la comunidad amuzga de Suljaa´ o Xochistlahuaca en el estado de Guerrero, con mujeres tejedoras, principalmente con las integrantes de la cooperativa textil La Flor de Xochistlahuaca. Aunque para su último proyecto, del cual se desprende el video “El Hilo de la Memoria”, estuvo colaborando también con los colectivos textiles Malacate Taller Experimental Textil (Chiapas), Fuentes Rojas (México D.F.) y el Costurero Tejedoras Por La Memoria De Sonson (Colombia).

Ha elaborado distintas producciones audiovisuales como “Escribiendo Sobre el Telar” (2013), “Tejer para no Olvidar” (2013) y “Telares Sonoros” (2014). En el marco de la presentación de su más reciente producción "El hilo de la memoria" durante el III Encuentro de Antropología Visual, tuve la oportunidad de sentarme con ella y hacerle algunas preguntas acerca de su relación con el textil y sus pensamientos sobre la conjunción entre el lenguaje audiovisual y el lenguaje textil.


¿Por qué elegiste trabajar el textil? ¿Qué papel ha jugado en tu vida?

Bueno, primero porque tejo hace muchos años. Empecé  tejer en un instinto de querer aprender simplemente algo nuevo. Una amiga en la Escuela de Antropología me enseñó y a partir de eso, un día estábamos las dos, al día siguiente éramos tres, luego cuatro y así conforme  nos veían tejer literalmente en el patio de la escuela se fueron uniendo. De pronto éramos como 15 chicas tejiendo obsesivamente sin parar.

De no conocernos nos volvimos súper íntimas amigas. Formamos un colectivo de tejidos primero sólo con la idea de tejer por tejer, pasarla bien, platicar y estar juntas. Después empezamos a hacer más cosas, explorar texturas, colores y diseños. Cada  una exploraba y ya identificábamos “esto lo hizo tal, éste tal”, y de pronto también vendíamos, era una forma económica de solventarnos ciertos gastos. De ahí empezamos a darnos cuenta que nos unía el gusto por un quehacer manual, por el tejer.
A partir de ahí yo también logré solucionar cosas de un momento difícil de mi vida que también fue transitorio y, como una revelación, de alguna manera me dio tranquilidad, me dio  seguridad. Personalmente logré sanar cosas a partir de tener como un aliado al tejido. Era como que se podía derrumbar el mundo pero siempre me daba alegría saber que podía llegar a mi casa a ponerme a tejer sin parar y así me tranquilizaba.

Entonces ahí me di cuenta que el tejer tiene el oficio, así como cualquier otra arte, podría ser la pintura o la escultura, no sé, cualquier otra  pero esa en particular a mí me generaba un poder. Me daba una identidad, me daba tranquilidad… cierta estabilidad emocional incluso y pues me di cuenta que había un poder muy interesante en quienes compartíamos ese gusto por tejer.




            Y fue ahí que pensé que estaría interesante  desde la antropología  empezar a acercarme más  al estudio  no solamente del textil como  producto sino del textil como un proceso. Un proceso creativo, un proceso de materializar un pensamiento, una idea, llevarlo a algo material que puedes tocar, que puedes ver que te puede significar algo. Que puedes vender, que puedes conservar o regalar. Entonces me interesó desde la antropología conocer otros procesos referentes no sólo a una técnica, sino a cualquier otra técnica textil. Fue así como me empecé a adentrar desde lo académico y no solamente desde lo intuitivo o lo personal, sino ya algo más desde el estudio lo antropológico.









¿Qué tipo de tejido haces?

Yo crochet, el crochet es mi hit (risas). Bueno crochet, un poco dos agujas, bordar aunque  algo muy experimental. Pero ahora me han interesado otras técnicas, aprenderlas. Aunque yo sé que nunca seré una experta porque está muy difícil pero  me interesa descubrir esos lenguajes que creo que están ocultos en los nudos.



En tu página web hablas de “concebir el telar, su construcción y manipulación como un sistema textual de lenguaje”, ¿consideras que otras técnicas textiles comparten esta característica?

Sí, yo creo que en general cualquier forma manual que tiene un orden con cierta coherencia, que tiene una forma de narrar. Tiene eso, una narrativa así sea con  colores, con texturas, con formas, diseños, patrones, para mí son formas de estructurar un relato. Así como cuando escribes, tienes un principio un clímax, un desenlace  siento que la mente pasa por un proceso similar desde que concibes la idea sobre “¿qué voy a tejer?¿De qué colores?¿Con qué  textura? ¿qué objeto voy a crear?” Todo eso para mí es un lenguaje que a lo mejor se puede ver más claro en el telar de cintura que finalmente sí son coordenadas, es matemática pura. Las figuras se hacen a partir del conteo y entonces ahí es más clara la relación con la escritura por ejemplo. Ellas (la tejedoras) dicen ahí en Xochistlahuaca que tejer es escribir, es una forma de escritura. Entonces yo creo que comparten más o menos una estructura narrativa.

¿Por qué el audiovisual?

Porque desde siempre, antes de tejer me gustó la fotografía. Tomé algunos cursos de foto analógica y me fascinó la posibilidad de la imagen como tal, en sí misma, sin ninguna relación en ese momento con los textiles… me llamaba mucho la atención. Más tarde, como tres años después fue que aprendí a tejer y en realidad nunca hice un vínculo sino hasta que empecé a estudiar antropología visual y me interesó el tema del video. Encuentro un punto de conexión que es el componente emotivo, el componente de la emoción. Para mí tanto hacer un video, un documental, una fotografía o tejer algo,  tienen ese mismo componente emotivo,  de sentimiento, de emoción, de querer comunicar algo.

       
           Para mí, por ejemplo,  no hay más bello regalo  en la vida que le puedes entregar a alguien, que hecho algo por ti. Así sea una cartita o un dibujito, es como entregar un tiempo. Un tiempo de elaboración, un tiempo de creación, un tiempo largo de planeación y de recursos que puedes entregar a alguien más para que se emociones de la misma manera. Y con el documental pasa algo muy similar, igual es un proceso largo. No lo haces de la noche a la mañana te requiere mucho esfuerzo, mucho tiempo y que también requiere tener un componente emotivo que comunique a quien lo vaya a ver esa sensación que tú quieres transmitir. Por eso los dos plantean un reto creativo y un reto emotivo.


¿Qué papel juega la imagen en comunicar los procesos textiles artesanales?

Pues yo creo que es vital.  Finalmente el textil es visual. Lo puedes sentir y puedes escuchar el proceso pero finalmente el producto es algo que tiene color, que tiene una forma, que es visual. Entonces creo que la imagen es fundamental. Como tú dices, no puedo comprar todos los textiles que yo quisiera pero puedo fotografiarlos, analizarlos, compararlos. La imagen al final es un medio de comunicación que puede llegar con las nuevas tecnologías a un montón de lugares, de contextos distintos y creo que la imagen en general, y ahora en relación al textil, tiene todo el potencial para comunicar, difundir y divulgar.



¿Cómo ha sido en tu proceso la conjunción de propia sensibilidad en el trabajo y montaje audiovisual?

Para empezar,  para mí el cine tiene que ser algo que emocione. Si ves algo que no te emociona, no te produce una sensación, no te mueve algo en tu corazón o en tu pensamiento, pues es  como ver un anuncio cualquiera, una imagen sin significados. Entonces construir un documento audiovisual es un proceso de creación y de montaje. Yo  por ejemplo, el proceso de edición lo asimilo muchísimo con el proceso de tejer. Tejer es  finalmente unir una imagen con otra para que signifique algo, diga algo; darle un ritmo. Tiene que llevar un ritmo la imagen en movimiento que además va acompañada de un sonido, de un testimonio, de música. Puedes conjugar un montón de elementos en la construcción tanto del audiovisual como de un tejido.






      Tienes la posibilidad de combinar cuantos colores quieras, cuantas texturas distintas, le puedes poner aplicaciones, le puedes bordar encima, poner botones, deshacer, quitar y el proceso de montaje y edición es lo mismo exactamente. Tienes un montón de herramientas, que toca explorar y ¿qué pasa si le pongo una transición tal? O ¿si no le pongo transición? o ¿si le pongo esta música? o ¿si en lugar de esta imagen le pongo esta otra? También es un mundo de significados simbólicos. Me gusta mucho la cuestión de la metáfora, no ser tan literal, encontrar elementos como de los símbolos que hablen que de algo, que evoquen, más que ilustrar.


Es evidente que se necesita un lenguaje audiovisual, cinematográfico. No solamente se trata de pegar imágenes por pegarlas, o tomar una foto nomás porque está bonita y se ve linda pero no te dice nada. O  sea, sí es entender de qué manera los planos funcionan, cómo funciona en sí el montaje y también el rodaje. Es saber cómo vas a construir, qué quieres decir,  tener muy clara tu postura. Al final el realizador tiene una postura y una forma de pensar, una forma de cómo quiere  comunicar y de cómo va a representar a las personas,  que también implica un compromiso ético fuerte de cómo quieres que vean al otro.


Sobre el trabajo en comunidad, háblame de la permanencia y su influencia en el contacto y la intimidad como parte del proceso audiovisual.

Se relaciona mucho con la pregunta anterior. Esa sensibilidad única y exclusivamente  siento que se desarrolla a base de confianza y tiempo, de establecer relaciones de responsabilidad, intercambio y de reciprocidad con las personas. Si no, se queda en programas como televisivos, en una imagen descriptiva que no va más allá. Realmente es la posibilidad de mostrar a las personas no en una mirada lejana. De no mirar esa comunidad haciendo un zoom, sino que realmente  tu ojo llegue al ojo de ellos. De penetrar realmente en su vida cotidiana, de mostrar quienes son, de develar sus intereses y sus gustos. Y eso solamente se consigue a base de trabajo y de constancia.

Yo soy antropóloga llevo años haciendo trabajo en comunidades, no sólo con textiles, he trabajado con muchos temas. Para mi tesis de licenciatura viví 4 años en comunidad, entonces  sé que la única manera de llegar a cosas realmente emotivas es dando la palabra y la voz a los otros, conociéndolos. Y eso solo funciona a base de constancia, disciplina, y de tener una relación de reciprocidad donde tú también estás ahí en un nivel de humildad para aprender.


         Y en la medida en que la gente entiende tu motivo para estar ahí es que se van abriendo, y te van viendo, conociendo, ven que pasas largas temporadas y que no sólo estás con tu cámara. Estás ahí y les ayudas a ir al campo, a barrer su entrada,  a lavar, a cuidar a los niños e intercambias trabajos porque al final también les quitas tú su tiempo. Y así se da una relación más recíproca que te ayuda mucho a encontrar este lado sensible, creativo, y hasta fotográfico.



Y ahora de lugares a los que has visitado por periodos cortos. ¿Cómo te han enriquecido estos encuentros? ¿Qué te han dejado?

Pues para empezar, un nuevo paisaje. Te abre una ventanita a un universo gigante y aunque sean estancias cortas, aunque sólo puedas ver y observar de un poquito de lejos, sin llegar a lograr una intimidad, te abren ventanas a la imaginación, a  la creatividad y a universos distintos. Que estos al final son pequeños motores que te van motivando a seguir caminando y a seguir dándote cuenta que somos unas hormiguitas en un universo de un montón de conocimientos. Aunque sean  estancias cortas y no puedas llegar a profundizar o hacer todas las cosas que una quisiera,  son estímulos finalmente.

Trabajas en distintos proyectos a nivel Latinoamérica ¿Por qué?

En principio porque ha sido mi punto de contacto. Mi primer viaje autónomo  que dije: “Me quiero largar a un viaje!” fue a Bolivia. Entonces imagínate, llegué a Bolivia. Yo de América Latina no tenía ni media idea. Apenas empezaba mi primer semestre en antropología, tenía 18 años y quería conocer el mundo. Y llego a Bolivia que es un universo incomprensible y pensé: “Bueno, yo de aquí soy. De aquí cada año voy a regresar a Latinoamérica.” Entonces ese primer año fui a Bolivia, al siguiente fui a Uruguay a Brasil y me aventé de año en año. Ahorraba y me iba todas las vacaciones de verano.

Conocí a un montón de personas que con los años me facilitaron poder visitar esos países porque nada más pagaba el boleto y allá tenía donde llegar y comer. También tejía y vendía mis tejidos. Tejer me permitió también viajar un montón. De verdad viví como dos años de mi vida de sólo tejer y bailar. Era lo único que hacía y de eso vivía. Fue la manera en la que pude ver que había un universo allá debajo de nosotros. Me sentía muy afín. Me siento muy identificada con la cultura latinoamericana, con sus diferencias que eso, claro, es lo que hace encantadores a los lugares. Siempre tuve esa necesidad de volver.





Desde  el 2003 que fue ese primer viaje a Bolivia, todos los años hasta el día de hoy he vuelto por periodos o temporadas.  Luego fue que terminé la licenciatura y me quise ir a estudiar la maestría. Finalmente encontré esta de Antropología Visual en Ecuador. Yo ya había estado en ecuador 4 veces antes. Ya tenía muchos amigos entonces fue un buen momento. A partir de eso y conforme fui creciendo y definiendo mis intereses me he logrado vincular con algunas personas que también tienen gusto en este caso por los textiles en diferentes partes de América Latina y aunque es difícil la distancia, pues intentamos de alguna manera colaborar o ver las posibilidades de reunirnos en ciertos sitios.  De este modo, cuando estemos juntos hacer algo, generar encuentros con otras personas, generar cosas.



Ahora que llevaste trabajo de Colombia a Xochistlahuaca, al D.F. y a Chiapas  ¿Qué encontraste en estos intercambios y en las nuevas formas de devolver a la comunidad?

El audiovisual es una forma en la que yo muestro y divulgo mi visión y lo que me emociona, pero todo eso es sólo un puntito del proceso que hay detrás y que es bien grande. Ahora que hice este video, no había caído en cuenta que durante 3 meses hicimos de todo. Pasaron tantas cosas, dimos miles de talleres, fuimos por un montón de lugares los tres meses en la combi, cargando la exposición y buscando espacios porque hacíamos la inauguración y la clausura con músicos. Todo un evento cultural con proyecciones de cine. De verdad nos metimos de lleno tanto Isabel como mi compañero y yo,  por todos lados a gestionar, invitar gente, hacer carteles, todo.

Entones fue un trabajo que en el video no se alcanza a percibir todo lo que implicó.  Pero que al final es lo que tú puedes devolver. Por ejemplo, allá en Guerrero esto último fue un taller de muñecas pero yo he tallereado ya con ellas un montón de otras cosas. Les llevo materiales, hacemos talleres, platicamos. Siempre estoy buscando metodologías que me ayuden a conocerlas mejor y a que ellas se conozcan. Entonces yo creo que a veces la devolución no sólo es del producto, sino llegar con una propuesta.

Les he llevado, por ejemplo ciclos de cine con un cañón, bocinas e invitábamos a todo el pueblo a ver películas.  Me fui a sacar fotografías de archivo del INAH, y montamos una expo de fotografías de mujeres tejedoras de los años 60’s y 70’s. Entonces la gente se encontraba con la abuelita “¡Esa es mi abuelita!” decían. Bien chido. Entonces son cosas que pueden ser muy enriquecedoras para las personas y que te abren un camino.

Cuando la gente ve que estás tan entregada proponiendo cosas sin aparente necesidad, vas descubriendo otras cosas de la comunidad, no solamente del ámbito textil. Por ejemplo nos hemos ido a grabar a los músicos tradicionales, hemos ido a conocer al poeta este (Héctor Onofre) que tiene unos poemas increíbles. Y es conjugar un montón de elementos, de sonoridad. No es solamente el textil como tal sino que el textil remite a muchísimos  ámbitos de la cultura y del arte que se gesta ahí en un sitio.





        Y que en este sentido, mi trabajo tiene que ver también con la crítica propia del papel del antropólogo. Mi tesis busca plantear una antropología participativa, incidente, no pasiva, no observacional sino algo que transforma, que ayuda a incitar procesos. Eso por un lado y por el otro, la fusión del arte y la antropología. De cómo metodologías que vienen del arte, como yo las llamo “etnografías creativas”, te permiten conocer a la otra persona no por lo que te dice que es sino por lo que tú ves o sientes que es; lo que se muestra a partir de un proceso colectivo donde influyen sus sentimientos.

El hecho de que las mujeres hagan su propia muñeca me habló de cosas que en una entrevista jamás hubiera logrado obtener. Me habló de su sensibilidad, de quiénes son ellas, de lo que es importante para ellas, a qué le ponen atención y a qué no, qué representan de ellas con orgullo y qué historias esconden.



¿Alguna historia en especial?

Una de las tejedoras que es de las más chingonas, que se sabe las técnicas más antiguas pero que es joven, que no está casada ni tiene hijos.

Cuando hizo su muñeca y la entrevisté me dijo que su muñeca era ella a los 7 años. Y ella que es la mejor de las mejores tejedoras, le hizo una ropa súper sencilla. Le hizo un huipil cualquiera y le pregunté ¿Por qué tu muñeca no tiene así como todas las demás sus artes y todo?” “Pues porque ésta soy yo a los 7 años –me dijo- y cuando yo tenía 7 años, mi papa nos abandonó para irse con su amante y todo el dinero se lo daba a su amante, y a mí nunca me compro ropa. Y  yo por eso ahora no estoy casada, ni me voy a casar. Yo tengo mi trabajo, tengo mi ropa y me hago mi propia ropa” ¡y dale con la ropa! Estaba en un trauma con la ropa que ella nunca pudo tener de niña. Entonces la muñeca habló y cuando todas escucharon su historia, como que entendieron su actitud de que todo quiere tener para ella porque nunca tuvo. Entonces surgen cosas de sus vidas de las que sólo te puedes enterar cuando hacen una  muñeca.


Cuéntame sobre tu dinámica de trabajo ¿Trabajas sola o tienes un equipo?

Trabajo sola y no. Cuando viajo y cuando he logrado estos encuentros y  exposiciones, los hago con gente que vincula y con colectivos. Siempre en la parte de contenidos me gusta tener alguien y más cuando son intercambios. Pero en la parte audiovisual no tengo una mancuerna. Aunque me encantaría tener un equipo y decir “Nos lanzamos mañana, somos tres y ya con tres la armamos”, pero desgraciadamente no he encontrado alguien que se prenda.

Y bueno, quien me ayuda en el sonido es mi compañero. Él es sonidista, entonces me ayuda con el sonido. Realmente estas últimas cosas que he hecho han sido de a dos. Yo cámara, idea y edición y él me ayuda con el sonido directo, hace la mezcla, la edición. Y generalmente pido ayuda a algún amigo cineasta con lo último, o que lo vea alguien de afuera que me diga sí lo entiende o no. No siempre hay chance. Este último lo terminé ayer, no ha habido oportunidad de que alguien lo comente, pero la idea es que alguien lo haga.


¿Cómo se han fondeado tus proyectos?
El presupuesto es un tema. Todas mis cosas las hago con mis centavos. Lo más que he logrado es que la universidad me preste la cámara de pronto, porque ni siquiera tengo una cámara propia. Estoy ahorrando para comprarme una cámara. Tengo una cámara de fotos que disque hace video y las cosas que he hecho, las he hecho con esa y me ha salvado. Tiene como 6 años y ya a duras penas y sirve. No tengo dinero para ofrecerle a nadie. ¡Qué más quisiera tener un camarógrafo! Y yo sólo ir a dirigir. Yo poderme realmente concentrar en la parte creativa. Pero no, voy haciendo cámara y todo a la vez. En este último estaba haciendo talleres, montando la exposición, haciendo cámara, sonido, recibiendo a las personas… ¡en todo! Entonces  es súper complicado porque al final hay un montón de cosas que no logré grabar porque estaba en el taller, etc.

Pero qué más quisiera poderle pagar a alguien aunque fuera los viáticos y ¡nos vamos y grabamos! Pero ni eso, entonces todo toca resolverlo con lo que hay: con lo que se tiene, ayuda, favores de amigos. Pero es una limitante aunque te permite ser creativo, quizás resolver algunas cosas de maneras más prácticas que teniendo el recurso y que ni las pensarías  porque lo tienes ya dado. Toca ser más creativo,  jugársela y resolver con lo que se tiene pero bueno, no es una limitante no tener una buena cámara.

Sobre las plataformas de salida, ¿cómo y dónde estás moviendo los contenidos?

Yo creo que la más viable es internet. Todos los materiales que tengo intento moverlos por ahí. Que estén accesibles, que la gente pueda consultarlos, verlos, replicarlos, compartirlos, etc. Están hechos con esa finalidad.  También se ha buscado proyectarlos en un montón espacios distintos tanto académicos como aquí (UNAM), como en comunidades. Cuando voy hago proyecciones, también en  los talleres, las exposiciones o entre amigos. Busco cualquier pretexto y cualquier espacio para proyectar y hacer un encuentro para suscitar un diálogo. Que sea un pretexto para generar encuentros, no tanto como un producto en sí,   sino como un producto que puede detonar algo en las personas que lo ven.




¿Cuál es  el propósito de todo esto, el fin último?

Yo creo que es un proyecto para mi vida, no lo veo como un proyecto que vaya a tener un fin, en realidad es un inicio. Sí estoy buscando la manera de hacer esto una forma de vida. Sé que quiero hacer cine, sé que quiero seguir tejiendo, que me encanta el textil. Sé que son dos pasiones que quiero seguir haciendo todo lo que me dé la vida, si se puede. El  fin último lo reafirmé la última vez que fui a Ecuador cuando logré hacer otro encuentro de tejedoras entre colectivos de allá que no habíamos hecho. Fue darme cuenta de la importancia que tienen los encuentros. Encontrarte con gente que tiene intereses parecidos a ti y que se motivan un montón por cosas tan aparentemente sencillas. Eso fue el motor para decir “¡Claro, voy bien!”. Mientras se puedan generar esos encuentros e iniciativas que despierten el interés y transformen realidades, para mí ya es todo. Hacer redes, vincular, creo que tengo potencial para vincular proyectos y personas, que se conozcan y que compartan. Que se logren organizar y hacer cosas. Que sean semillas que vayan creciendo por ahí.






Por último, en cuanto a fotografía y video ¿cuáles son tus principales referencias?

Pues no tengo muchas referencias, o referencias que utilice para realizar mi trabajo en sí. Pero creo que lo más destacado sería la película de Tejiendo Mar y Viento de Luis Lupone. Me gusta la fotografía surrealista como el trabajo de Francesca Woodman aunque nada tiene que ver con textiles, pero me identifico con sus imágenes.





Nuestra charla concluyó con el entusiasmo recíproco de poder colaborar en un futuro en distintos proyectos. En MadejándoLA esperamos poder seguir abriendo algunas de esas ventanitas a otros universos textiles. Aprovecho este medio para agradecer públicamente a Mariana por su tiempo  y su cariño y de paso, ofrecerme por si un día necesita alguien que le cuide a los niños o le barra su entrada a cambio de esta entrevista.


Les dejamos aquí su bellísima producción titulada Telares Sonoros. ¡Disfruten!

Para conocer más de su investigación, puedes entrar a: http://marianaxrg.wix.com/militantesdehilo

Entrevista: Mónica Parra

Fotografías: Mariana Rivera