Taquile

Antes de entrar a la recta final del viaje (aunque para Sara siga), a diez días de ir a México, debemos compartir un poco de lo que fue nuestra experiencia durante una semana en Taquile.




Taquile es una isla ubicada en el lado peruano del lago Titikaka donde caminar e hilar o tejer al mismo tiempo es asunto de todos los días. Sus tejidos han sido declarados patrimonio de la humanidad y todos los taquileños, hombres y mujeres, son tejedores.



Sus tradiciones textiles se traspasan de generación en generación. Principalmente, las mujeres tejen a telar y los hombres a palillo (agujas). Para los jóvenes, aprender a tejer es motivo de orgullo. Dicen las chicas que si no saben tejer, la gente dirá que son "unas flojas".


Desde muy chicas, las niñas empiezan a hilar y torcer  con la pushcana o huso y de ahí en adelante empieza a subir el nivel de complejidad en la técnica que van aprendiendo. Tejen sus fajas, las de sus hombres, así como también sus chuspas.



Los hombres por su parte, se encargan de tejerse sus chullos (gorritos), los cuales renuevan para fiestas importantes. También tejen en telar de pedal las telas que sirven de base para sus vestimentas y las múltiples polleras de sus mujeres.




A nosotras, la familia Huatta, nos recibió  con brazos abiertos y como a los turistas nos alimentaron con las truchas del río y hasta nos vistieron de Taquileñas. Ya pasados los días fuimos integrándonos cada vez más a la dinámica familiar cotidiana. 



Sopa de papa mañana, tarde y noche, mate de muña (hierba local tipo menta) y coca, bañarse en el lago, dormirse a las 21.00 muy tarde y porque no, mirar películas de "sufrimiemto de una madre".

El 2 de noviembre, celebramos con ellos el día de muertos. Preparamos mucha comida. La mayoría eran legumbres y tubérculos "sancochados" o hervidos. Hicimos con la abuela figuritas de masa de quinua llamada quispiño. Y comimos un pan con cara al que le llaman guagua (porque es como un bebé). Todo muy rico, y más cuando después llegaron las chelas y el vino.




Otro motivo de festejo fue el cumpleaños de Elizabeth, nuestra hermana menor, que coincidió también con el día de las elecciones de nuevas autoridades. En esta ceremonia se reunieron en la plaza muchos taquileños ataviados con sus mejores atuendos y nosotras disfrutamos del espectáculo de color y tejido. 



En fin, Taquile fue un lugar mágico que recorrimos amplia pero lentamente, por eso de sus casi 4000 metros de altura. Ahora queremos que todo en la vida tenga pompones enormes de más de 15 colores. 


Mon & Sara - madejándoLA