Segundo día de intento para ir a Quico: fallido.

Esta vez fuimos por la ruta que nos dijeron en Paucartambo deberíamos hacer. Terminal de Cusco-Ocongate-Quico.

Primer error: a Ocongate no salen buses de la terminal. Había que ir al "Coliseo" (ahí de donde ayer no teníamos que salir). Segundo, no debíamos ir a Ocongate sino a Tinke, pero por suerte ese mismo bus de Ocongate seguía hasta Tinke. 

Llegamos a Tinke en tres horas y media. Antes de salir nos dijeron que casi nunca hay combis a Quico, pero como era domingo sí salían. Al llegar nos dijeron que la única combi que iba para allá había salido a las 11 (esto a las 13.30), que tendríamos que ir en un taxi privado. El primer taxista, el que se creyó el más vivo, ofreció llevarnos por la módica cantidad de TRESCIENTOS soles (110 dolaritos). Después nos ofrecieron por la mitad del precio, pero seguía siendo mucho dinero, considerando que después tendríamos que pagar lo mismo de regreso. Imposible. 

Decepcionadas preguntamos por tejedores del lugar y nos mandaron con la chica que atendía un puesto de tejidos en el mercado. Juana nos ofreció asiento y una charla, hasta nos dejó guardar nuestras cosas en su casa. Pensando que no había transporte de regreso a Cusco, aceptamos su invitación a dormir en el hospedaje que tiene en su casa.



Decidimos aprovechar el día y terminamos haciendo un auténtico día de shopping en Tinke. Madejas, ovillos, puxkas (husos) y nuestras ansiadas chompas(suéteres, polerones) de color fosforescente. 

También compramos un tejido de Juanita, nuestra anfitriona del día... Y una joya. 

Un chullo (gorrito) de la región de Q'eros. Tejido a mano con por lo menos quince colores distintos y muchas figuras que van de rombos y triángulos hasta caritas de diablo. Todo esto con un trabajo de bordado en chaquiras o mostacillas blancas que contornean todas las figuras de la parte inferior del chullo. Y por si el trabajo no fuera suficientemente lindo y vistoso, se agregan a los lados y en la punta diez pompones gigantes de distintos colores y tamaños que hacen de este gorro una verdadera joya, digna de coleccionar. Sara está ansiosa de, al volver a Alemania, lucir como la mujer más loca de la ciudad, paseándose con su chullo peruano por las calles de Hannover. 



Ya con la emoción de las compras, habiendo probado la comida del mercado y viendo que había un bus esperando partir a Cusco, decidimos volver. Y aquí estamos, tristes por no haber podido llegar a visitar a nuestros amigos y conocer esa cultura tan rica de la cual tanto se habla en la región, pero satisfechas con la experiencia. La gente de Tinke nos hablaba mucho, se reían con y de nosotras. Conversamos con mucha gente linda. Conocimos tejedores, bordadores y comerciantes textiles. 


En el bus de regreso un chico del lugar nos contó sobre el tejido del chullo, de que su abuelito es tejedor también y que él no aprendió bien pero que en algún momento le gustaría retomarlo para qué no se pierda la tradición. Avelino se llamaba y resultó ser su cumpleaños. Lo único que pudimos hacer fue ofrecerle un pedazo de "chuta", un pan enorme con anís que suben a vender al bus.


En fin, nuestro día fue largo aunque lleno de hilos e historias. Quedamos contentas y sabiendo que tenemos una deuda con Quico, que cuando tengamos otra oportunidad de estar en Perú, intentaremos saldar. Quedamos con los nombres de nuestros amigos para volverlos a buscar la próxima vez. Augusto y Matías Pajsi.