¿Por qué sigo -y seguiré un rato más- en Montegrande?

Hace 7 meses ya que arranqué el viaje y hace 3 que llegué a Montgrande, una pequeña población de aproximadamente 500 habitantes en la Región de Coquimbo, en Chile. Muchas personas me hablaron del Valle del Elqui (donde se encuentra Montegrande) como un destino imperdible dentro de Chile y rápidamente se colocó en la ruta como lugar al que ir después de salir de Santiago.

A Jowy, quien en ese momento era mi compañera de viaje, le pasaron por Facebook el contacto de una organización en Montegrande que supuestamente trabajaba con textilería en fibras y tintes naturales; MonteGabriela se llamaba.

Por azares del destino, terminé viniendo sola a Montegrande después de haber hablado con Soledad, la fundadora  y presidenta de MonteGabriela. Ella me dijo que esa semana iban a estar tiñendo y quise verlo. Al llegar, me recibió la Rosana, textilera dedicada a los teñidos y después apareció Soledad. Comenzamos a hablar.

¿Qué es MonteGabriela?


Soledad - MonteGabriela es una organización que busca la superación de la pobreza y  el empoderamiento de las mujeres de la comuna de  Paihuano, a través de los oficios. Uno de ellos y el más importante para nosotras, es el de la textilería.


Después de eso no paramos de hablar por un largo rato y sin dudarlo me ofrecí a quedarme como voluntaria. A la hora de profundizar más en lo que podía yo aportar al proyecto, fue surgiendo la posibilidad de poder financiar algunos proyectos y de quedarme como colaboradora. Fue inminente la separación con Jowy ya que los objetivos de cada una eran distintos, así como la proyección del viaje.

Yo venía por un día y tres meses después, sigo aquí, viviendo a diario y desde dentro todo lo que implica gestionar un proyecto social. Estoy conociendo las complicaciones que surgen día a día, trabajando a ritmo de monte, compartiendo con quienes se han vuelto mi  familia.




En la casa de MonteGabriela vivimos la  Sol, la Ale -gran poeta y pedagoga de la poesía-, un tiempo estuvo y volverá la Mila - Experta en Economía Social Solidaria- y la última, quien llegó este mes, la Sara - alemana, y diseñadora-. Cada una de ellas me ha entregado una visión particular y me han servido como ejemplo de talento, fuerza y pasión.

En este tiempo he trabajado en rediseñar el logo de la organización, el packaging, las etiquetas, redecoré y atendí la tienda "Emporio" , armé un book de imágenes de los 12 años de historia de MonteGabriela, hice junto a la Sol un pendón afieltrado y bordado, y ahora estamos trabajando en el diseño de la página web y la imagen para una campaña que se lanzará a nivel nacional, entre otras cosas. A la par de todo esto he estado, también editando parte del material generado en estos meses de viaje  para así armar este sitio que hoy les presento.

Repito, todo a ritmo de monte. Aprovechando fines de semana para pasear a algún asado, ir a casas de amigos, dándome tiempo para cocinar, cuando se puede, recetas mexicanas lo más auténticas posibles (como hoy que me mandé unas enfrijoladas de lujo) y no parando de crear.

MonteGabriela se me ha vuelto un hogar del que no puedo partir hasta dejar hecho todo lo que prometí hacer. A este lugar le debo mucho crecimiento y ésta es mi forma de agradecerlo. Permanecer también es moverse por dentro. En septiembre espero recibir con los brazos abiertos a mi hermana que viene de paseo para luego despedirme del Valle. Muy probablemente, lo haga acompañada de mi nueva amiguita Sara con quien hay mucha afinidad proyectual a futuro.

Quiero estar a mediados de diciembre en  mi casa, pasar navidad con frío, comiendo unos chipotles rellenos de Flora (histórica cocinera de la familia de mi madre) y todas esas delicias que saben a infancia. Quiero volver para estar con mi familia, con mis papás, darle tiempo a la post producción de esta primera etapa de viaje, colaborar con otros proyectos y generar otros nuevos. Y así retomar fuerzas, para unos meses después, volver a partir, para saldar la deuda de recorrer más países, compartir más vidas y madejar más historias.